Cuando la casera llegó a ver a su alquilado, vio a la mujer.
—No te preocupes —dijo la señora negando con la cabeza y acercándose a la encimera—. Esto lo hace con todas.
Y se fue, dejando a la muchacha amordazada en la silla mientras sus lágrimas descendían por el rostro sin posibilidad de pedir ayuda.
No hay comentarios:
Publicar un comentario